18 de marzo de 2007

Venezuela: Inflación y reconversión

Por Domingo Fontiveros
El Universal


Desde el colorado olimpo venezolano se viene anunciando una nueva unidad monetaria para 2008, en la que el bolívar actual equivaldría a una décima de céntimo. Producto de esta reforma o reconversión monetaria, la nueva moneda sería el "bolívar fuerte", denominación adjetivada que aspira denotar poder, fortaleza, solidez.


En esencia, esta reconversión es un acto apenas aritmético, aunque para darle importancia inmediata mayor a la que tiene, el gobierno quiere vincularla a la lucha contra la inflación, creando otro espejismo.


La inflación obliga a ponerle ceros adicionales a la moneda, pero quitarle ceros a la moneda no tiene efecto sobre la inflación. Esto lo conocen quienes en el ente emisor saben de la materia, y por ello eluden afirmar que esta "reconversión" sirva por sí para atacar el problema.


En todo caso, la nueva moneda es para dentro de 9 meses y aunque sirviera para reducir la inflación, que no sirve, más sentido y utilidad tiene discutir sobre lo que se está o no haciendo ahora con una finalidad antiinflacionaria, porque dada la magnitud y características del fenómeno inflacionario eso sí tiene carácter prioritario para el bienestar de la población.


De hecho, siendo cuestión a futuro, la reforma monetaria no tiene entidad suficiente para constituirse hoy en el tema económico central de discusión, aunque para el gobierno pueda convenir distraer el foco de atención del tratamiento de problemas urgentes.


Y es que el brote inflacionario reciente es más grave de lo que se percibe por encima. Primero, porque se viene acelerando con rapidez en forma continua. La tasa anual de inflación general hasta febrero fue de 20,4%, cuando hasta mayo de 2006 fue de 10,4%. ¡Una aceleración de 97%! En el caso de los alimentos, hasta febrero, el aumento de precios fue de 36%, con una aceleración de 181% respecto al de mayo en 2006.


Segundo, porque no es atribuible a devaluaciones o a causas exógenas, como ha sido usual en Venezuela. Sino a presión de demanda interna, resultado de la mezcla de política fiscal-monetaria demasiado expansiva, y a la aparición de límites en la propia capacidad de producción interna acentuados por la represión comercial desde el gobierno.


Es decir, el gobierno no está tratando de validar monetariamente una devaluación previa, ni compensar un shock negativo externo. Al contrario, la causa primaria de la inflación venezolana está en el excesivo gasto presupuestario, que ha potenciado la demanda hasta sobrepasar la capacidad de respuesta de la oferta, incluyendo importaciones. También se ha creado una excesiva oferta de dinero que supera con creces a la demanda. La economía está recalentada por excesivo gasto público, financiamiento monetario del presupuesto y descuido de la infraestructura productiva, aunado a la progresiva implantación de un marco institucional muy antieconómico.


A este respecto, el gobierno no hace nada sustancial. La reducción del IVA alivia brevemente el nivel del PVP, pero al mismo tiempo refuerza el desequilibrio de la demanda respecto a la oferta. También se mantiene la tendencia en el gasto presupuestario y se agrava el acoso al sistema de producción privado. Camino al barranco, pues, con todo y bolívar fuerte.




Un dictador electo
Por Enrique Serbeto
ABC

Entre pitos y flautas, Hugo Chávez se ha gastado la bagatela de cinco mil millones de dólares en una semana de gira, realizada con el único objetivo de «contraprogramar» la del presidente norteamericano George W. Bush por otros países de Iberoamérica. Cinco mil millones sin presupuesto ni auditora. ¿Se dan cuenta de lo que es un dirigente sin control democrático? Algo así no podría suceder en un país normal, o no podría sin que tuviera consecuencias escandalosas. Pero en la República Bolivariana no.

Simplemente anunció que no aparecería en televisión el domingo (al menos libró a los venezolanos de estas horas de tortura) y sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo, se subió a su avión presidencial, el «camastrón», y se fue para darse el gusto de ser por unas horas como el espejo del presidente norteamericano. Otra vez anunció que firmaba un contrato para comprar en España barcos y aviones militares, por valor de unos dos mil millones, también como el que pide un solomillo en un restaurante. Y, naturalmente, como lo hacía para ver si conseguía irritar a Estados Unidos, tampoco le pidió permiso a nadie ni para firmarlo ni para dejarlo de firmar, puesto que —por cierto— de aquella confabulación con Rodríguez Zapatero no quedaron mas que cenizas, la mayor parte correspondientes a la credibilidad del actual Gobierno español en toda América. Ya no es fiable ni para Chávez y sus amigos ni para aquellos gobiernos que aun se resisten a sus proyectos megalomaniacos ni mucho menos para Estados Unidos. Desconozco lo qué piensan en Canadá.


Chávez es un excelente ejemplo de un concepto que podría parecer contradictorio, pero que no lo es. Es un dictador. Electo, pero dictador al fin y al cabo. Con un mecanismo electoral dudoso y una oposición a la que desarmó y hundió moralmente, Chávez no es el responsable gobernante de Venezuela, cuya catastrófica situación económica no hay ni que entretenerse en describir, sino el despilfarrador descontrolado de los gigantescos recursos del petróleo. Corrupción y dictadura, nada más que eso es hoy Venezuela.


2 Observaciones:

Mauricio Duque Arrubla dijo...

Sin saber del tema, imaginaba razones como las que expones cuando aquí pensaban quitalre tres ceros al peso. Es más un engaño que algo que realmente funcione. No hay que ser premio nobel en econmía para imaginarlo.

Si no fuera tan importante el vecino para nosotros, si fuera un país africano o asiático, lo que se dice de chávez no pasaría de ser anecdótico. Pero como es nuestro principal socio comercial (y uno de los mayores de los muchachos de tirofijo) no podemos más que quedarnos atónitos con todo esto que nos cuentas

Sapiens dijo...

Es una de las razones por las cuales se puede observar como experimento económico.

Lo curioso es que sin ninguna base económica trata el Dictador bolivariano, de hacer creer a la población en general que así mantendrá a raya a la superinflación de su paraíso "socialista".

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