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26 de noviembre de 2007

El teatro del absurdo

Por: María Jimena Duzán
Si no hubiera familias de secuestrados llorando en este momento por sus seres queridos, el deterioro de las relaciones entre Colombia y Venezuela por cuenta de la mandada al carajo que le pegó Uribe a su homólogo Hugo Chávez sería una historia propia del teatro del absurdo. Comenzando por el hecho de que detrás de las primeras sonrisas y los primeros abrazos, entre Chávez y Uribe, siempre se escondió una desconfianza mutua, que se fue acrecentando con el paso de los días. Desconfianza que tampoco se apaciguó con la decisión de poner como facilitadora a una opositora del Gobierno, como Piedad Córdoba. El trío no podía ser más disparejo ni más explosivo. En la medida en que las cosasiban saliéndole a Piedad Córdoba y conseguía avances con las Farc nunca antes obtenidos en los años de gobierno de Uribe, el Presidente, desde la Casa de Nariño, se iba descolgando del proceso.

Por el otro lado, Chávez y Piedad, a pesar de que sabían de todo este mal ambiente que se estaba cocinando en Bogotá, en lugar de no dar papaya, emocionados por sus avances, la dieron toda. El episodio de las fotos de Piedad con Iván Márquez sirvió para alimentar a los enemigos del acuerdo humanitario. Tampoco ayudó el presidente Chávez cuando cometió la imprudencia de revelar la propuesta confidencial de Uribe a las Farc a su llegada a París. Infidencia que Uribe respondió con una reacción desmesurada en un comunicado donde le daba a Chávez plazo hasta del 31 de diciembre para lograr algo que él no había podido hacer en estos cinco años.

Para cuando vino la llamada que le hizo Piedad al general Montoya, llamada que no debió hacer la senadora, el proceso estaba herido de muerte. Solo faltaba una buena excusa para mandar al carajo al presidente Chávez y salir bien librado en las encuestas.

Las Farc también se comportaron como si estuvieran en el teatro del absurdo. A pesar del protagonismo político, que resulta inevitable en estos casos, lo desperdiciaron. No entregaron pruebas de supervivencia a Chávez en París y las que le enviaron el viernes a Piedad por intermedio del periodista William Parra no son producto de la gestión adelantada por aquella y Chávez, sino que pertenecen a un archivo personal del periodista. Las Farc 'conejearon' a Chávez. Queda por discutir la conducta ética de un periodista que entrevista a un secuestrado -al fin y al cabo se trata de alguien privado de su libertad- y que, además, no hace pública la entrevista y la manipula ante los familiares de la víctima.

Es evidente que los secuestrados que las Farc tienen en la selva son una simple mercancía, nada más. Y aunque no dudo de que con la mediación de Chávez se consiguieron avances muy importantes en materia del intercambio humanitario con las Farc, no creo que hubiéramos estado tan cerca de este como lo ha admitido la senadora Piedad Córdoba. (Dicho sea de paso: a pesar de haber cometido errores como facilitadora, Piedad no se merece ese tratamiento de apátrida que le quieren aplicar los enemigos del acuerdo humanitario. Si este país no estuviera patas arriba, su labor habría merecido un reconocimiento, no un castigo.)

Lo que más preocupa de la mandada al carajo del presidente Uribe a su homólogo venezolano, Hugo Chávez, no es que haya sido apresurada, sino que se haya hecho pensando que este se iba a quedar cruzado de brazos y no se iba a embejucar. Es probable que a Uribe le toque recular no ya por cuenta de la presión de los familiares secuestrados, sino por cuenta de los empresarios colombianos, ante quienes Uribe sí es capaz de bajar la cerviz. Si se equivocó metiendo a Chávez en el tema del acuerdo humanitario, él tiene que asumir las consecuencias de haberlo sacado. Y en este momento su principal obligación como gobernante es evitar que se deterioren las relaciones con Venezuela. Si para lograrlo tiene que llamar a Chávez, pedirle disculpas y agradecerle por sus buenos servicios, cosa que no hizo en su último comunicado, pues que lo haga. Eso de tratar a sus contradictores como si fueran todos Samueles Morenos sale caro.


16 de noviembre de 2007

Lo que el "por qué no te callas" no dejó oír

Editorial El Colombiano

La impertinencia diplomática de Chávez durante la XVII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, en Santiago de Chile, desvió toda la atención hacia el incidente con el Rey de España. El discurso del presidente Uribe bien valía la pena ser conocido.

El pasado 10 de noviembre durante su intervención ante la XVII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, realizada en Santiago de Chile, el presidente Álvaro Uribe Vélez pronunció un discurso de alto contenido social que pasó desapercibido entre los asistentes, gracias al alto -pero nefasto- impacto internacional del enfrentamiento entre Hugo Chávez con José Luis Rodríguez Zapatero y el Rey Juan Carlos de España. Hoy recogemos la sustancia de sus palabras como un aporte fundamental a la construcción del país que todos queremos.


El Presidente de todos los colombianos les contó a los asistentes a la Cumbre, que su Gobierno estaba trabajando en cinco valores fundamentales que están cambiando nuestra historia reciente: la seguridad democrática, el respeto a las libertades, la construcción de la cohesión social, la lucha por la transparencia y el respeto absoluto por un Estado compuesto de instituciones independientes de origen democrático que tienen que colaborar armónicamente por los bienes superiores de la comunidad.

Uribe priorizó en su discurso el tema social, como eje fundamental de cambios estructurales en el país e hizo hincapié en las bondades de la inversión externa, pero con responsabilidad social. No es un secreto en la región que Colombia está trabajando fuertemente en la transparencia en las relaciones de los inversionistas con el Estado, en la transparencia en los contratos, en las concesiones como fórmula de desarrollo, y en la transparencia en la solución de las disputas y la claridad en la tributación.

Y mientras sus homólogos de Venezuela y Nicaragua vociferaban en contra de la inversión española y traían a colación temas no muy diplomáticos, nuestro Presidente mencionaba la importancia de la inversión externa cargada de solidaridad con las comunidades, especialmente en lo que le concierne al tema ambiental.

Pero el tema en el que más se explayó el Mandatario de los colombianos fue en el del desarrollo integral de la llamada "cohesión social" y en la búsqueda real de la equidad. Alcanzó a enunciar brevemente lo que esta administración ha venido ejecutando en materia de micro crédito, educación en todos los niveles, de financiación universitaria, de nutrición, de acceso a la salud, vivienda social, agua potable y seguridad alimentaria, entre otros puntos que son verdaderas piedras angulares de la transformación social.

Es importante observar en el discurso del Presidente un dato que habla por sí sólo: cuando empezó su Gobierno la pobreza era del 60 por ciento de la población, es decir, de cada 10 colombianos 6 eran muy pobres; hoy se ha bajado a 4,5 y se espera que antes del 2010 sean sólo dos. Es fundamental que los países vecinos vean en Colombia una realidad distinta a la promocionada internacionalmente, otra cara más allá de los problemas que generan los traficantes de drogas, los grupos guerrilleros y las autodefensas que aún no se han desmovilizado.

La Colombia de hoy es distinta. Hemos mejorado, pero aún nos falta. Hay logros fehacientes en todos los frentes y sólo en estos escenarios -como las cumbres presidenciales- se pueden evidenciar estos avances, pero la agenda diplomática hostil de algunos países vecinos hacen que el discurso de mejora nacional se opaque por la diplomacia impertinente. En Chile hubo cosas más allá del "por qué no te callas", del Rey Juan Carlos de España.

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